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¿Podría ser procedente despedir a un trabajador por insultar a un personaje público en Facebook?

Laboral

El pasado 3 de septiembre, a raíz de un debate político televisado, una usuaria de Facebook publicó en su perfil un comentario cuanto menos muy desafortunado. En él deseaba que “violaran en grupo porque no merece otra cosa semejante perra asquerosa” a una diputada del Parlamento de Cataluña que había participado en dicho debate.

El 5 de septiembre, la empresa para la que trabajaba procedió a su despido.

¿Tiene la empresa motivos suficientes y justificados para proceder a su despido disciplinario o, por el contrario, estaríamos ante un despido sin causa o improcedente?

¿Hasta qué punto el comentario realizado por un trabajador en su ámbito privado y sobre un asunto que no compete directamente a la empresa para la que trabaja, puede tener consecuencias laborales?

Parece claro que la acción puede tener consecuencias en el ámbito penal y, por ende, civil, por cuanto menoscaba la dignidad y atenta contra el honor de la persona, pero ¿también en la esfera laboral?

El artículo 54.2 c) de la Ley del Estatuto de los Trabajadores regula como causa de despido disciplinario “las ofensas verbales o físicas al empresario o a las personas que trabajan en la empresa o a los familiares que convivan con ellos”.

Aunque hay que atender a las circunstancias concretas de cada supuesto, numerosas sentencias declaran procedentes despidos llevados a cabo por hacer comentarios ofensivos a superiores, compañeros o incluso a la empresa en general, a través de las redes sociales.

Sin embargo, en el presente caso, las ofensas verbales no fueron dirigidas a la empresa, al empresario, compañeros de trabajo o familiares de éstos, sino a un personaje público completamente ajeno al entorno empresarial.

Si bien no ha transcendido la carta de despido y, no conociendo exactamente qué causas se alegan en ella, todo apunta a que el despido podría carecer de causa justa al no poder encuadrar el hecho en el precepto antes indicado, a no ser que la empresa tenga un código interno de ética o conducta que el trabajador debe seguir y cumplir y que la acción que estamos valorando suponga un incumplimiento del mismo.

Dado que determinados actos llevados a cabo por los trabajadores en su esfera privada pueden afectar a la imagen y reputación de la empresa, cada vez más empresas elaboran un código ético o de conducta a fin de regular el comportamiento de sus empleados de acuerdo con sus principios y valores.

El incumplimiento de este código ético de manera grave y culpable podría justificar la procedencia del despido por haber incumplido normas internas y por haber transgredido la buena fe contractual.

Como decíamos, en caso de que la empresa objeto del supuesto comentado no disponga de este código ético o, disponiéndolo, el hecho en cuestión no suponga un incumpliendo grave y culpable del mismo, la compañía tendrá difícil defender la procedencia del despido.

 

La información contenida en la presente nota no debe ser en sí misma considerada como un asesoramiento específico en la materia comentada, sino únicamente una primera aproximación al tema tratado, siendo por tanto aconsejable que los receptores de la presente obtengan asesoramiento profesional sobre su caso concreto antes de adoptar medidas o acciones específicas.